Durante décadas, muchos trenes españoles no podían continuar su recorrido al llegar a la frontera francesa. El problema era sencillo: el ancho de vía era distinto. Dos redes podían funcionar perfectamente por separado y, sin embargo, no encajar entre sí.
Es una buena forma de entender para qué sirven los estándares. Normalmente pasan desapercibidos, pero son los que permiten que sistemas desarrollados por organizaciones distintas puedan conectarse y trabajar juntos.
En una provincia como Cádiz ocurre algo parecido con los datos. No basta con que cada municipio disponga de información: hace falta que todos puedan interpretarla de la misma manera.
Qué es un estándar y qué es una norma UNE
Un estándar es una forma acordada de hacer las cosas. Permite que aquello que se desarrolla en lugares distintos pueda funcionar de forma compatible. En España, una parte importante de esas reglas técnicas se recoge en las normas UNE, elaboradas con la participación de administraciones, empresas, organizaciones y especialistas. Su aplicación es, con carácter general, voluntaria, pero ofrecen una referencia común que evita que cada organización tenga que empezar desde cero.
En el turismo inteligente, este lenguaje común se ha ido construyendo durante los últimos años alrededor del modelo de Destinos Turísticos Inteligentes impulsado por SEGITTUR.
El lenguaje del turismo inteligente
Existen distintas normas UNE relacionadas con los Destinos Turísticos Inteligentes, y cada una aborda una parte diferente del sistema.
- La UNE 178501 establece los requisitos para gestionar un Destino Turístico Inteligente alrededor de cinco grandes ejes: gobernanza, innovación, tecnología, accesibilidad y sostenibilidad.
- La UNE 178502 se centra en los indicadores que permiten medir la evolución de un destino y seguir su progreso en el tiempo.
- La UNE 178503 aborda la semántica, es decir, que un mismo concepto pueda significar lo mismo cuando la información pasa de un sistema a otro.
- La UNE 178509 se ocupa del ciclo de vida del dato turístico: cómo identificarlo, capturarlo, almacenarlo, procesarlo y compartirlo.
- Y la UNE 178511 sirve de guía para aplicar el modelo de capas de una Plataforma Inteligente de Destino, facilitando que estas plataformas sean abiertas, interoperables y capaces de evolucionar.
No es necesario conocer el detalle técnico de cada norma para entender su utilidad. Lo importante es que detrás de la tecnología existe un marco común. Cádiz no tiene que inventar desde cero cómo organizar determinados datos o cómo hacer que sus sistemas puedan entenderse con otros.
Por qué municipios diferentes necesitan hablar el mismo idioma
Un municipio de la sierra de Cádiz y una ciudad del litoral tienen realidades turísticas muy distintas. Sus visitantes, sus servicios y sus necesidades también lo son.
Pero precisamente por eso necesitan algunas reglas comunes.
Si cada municipio entiende de manera distinta qué es una visita, una pernoctación, un recurso turístico o un indicador de afluencia, reunir todos esos datos en una plataforma provincial sirve de poco. Se podrán almacenar juntos, pero no necesariamente comparar ni analizar como un conjunto.
Los estándares evitan ese problema. No obligan a que todos los municipios sean iguales; hacen posible que, siendo distintos, puedan entenderse.
Además, tienen un efecto especialmente importante para los municipios con menos recursos técnicos. No necesitan diseñar por su cuenta cada indicador, cada estructura de datos o cada mecanismo de conexión. Disponen de un marco ya desarrollado que les permite participar en el mismo ecosistema que destinos con mayor capacidad tecnológica.
La normalización, por tanto, no uniformiza los destinos. Iguala parte de las reglas con las que participan.
De Cádiz al sistema nacional
Este lenguaje común cobra todavía más sentido porque PID Cádiz no se plantea como una plataforma aislada. Se integra en el ecosistema de la Plataforma Inteligente de Destinos impulsada por SEGITTUR. Para que esa conexión funcione, no basta con que las tecnologías sean compatibles: también es necesario que los datos estén organizados e interpretados de manera similar.
Ahí está una de las principales ventajas de trabajar con estándares comunes. Un dato generado en Cádiz puede relacionarse con información de otros destinos con mayor facilidad, y una solución desarrollada en otro territorio puede tener más posibilidades de ser aprovechada aquí.
Las piezas pueden ser distintas, pero tienen que estar diseñadas para poder encajar.
Este modelo, además, mira más allá de España. Parte de la experiencia acumulada con las normas de Destinos Turísticos Inteligentes se está trasladando al ámbito internacional, reforzando la posibilidad de que este lenguaje común pueda utilizarse también en otros países.
Incorporar estos principios desde el diseño de la plataforma es mucho más sencillo que intentar hacer compatibles después sistemas que fueron creados sin pensar unos en otros.
Por eso las normas UNE no son solo una cuestión técnica. Tienen una consecuencia muy concreta: permiten que la información generada en un municipio pueda entenderse, compararse y aprovecharse más allá de sus límites. Y eso es especialmente importante cuando el objetivo es construir una visión provincial a partir de realidades locales muy diferentes.
Los estándares no hacen iguales a los destinos. Hacen posible que destinos diferentes puedan trabajar juntos.